Ferraz bajo lupa: ¿Quién pagará?
Ferraz, epicentro del temblor. La UCO, la brigada de los ‘arreglos’, ha irrumpido en la sede del PSOE como si buscasen un mando a distancia perdido bajo el sofá. Buscaban, dicen, “contabilidad paralela”, ese eufemismo para “donde metemos la mano y nadie pregunta”. Mientras el ciudadano de a pie intenta cuadrar las cuentas a fin de mes, el partido en el poder, al parecer, tenía una segunda libreta, una para los gastos que no se ven en la declaración de la renta. Ana María Fuentes, la gerente, y los pesos pesados Cerdán y Zarrías, imputados. Leire Díez, la ‘fontanera’ del caso, se desmarca con un “yo no sé nada”, una frase que ya suena a guion de serie de televisión. El PP, lógicamente, ha sacado la artillería pesada, acusando al gobierno de “oler” y pidiendo elecciones. Vox, más directo, habla de “mafia”. Sumar, con la parsimonia de quien no quiere mancharse las manos, se limita a expresar su “desconcierto”. Y Zapatero, el ex-presidente, mencionado como posible partícipe en el festín. El ministro Puente, indignado en Twitter, se pregunta si para pedir información es necesario mandar a la UCO… como si mandar a la policía fuese una incivilidad. La realidad es que esta operación judicial, ordenada por la Audiencia Nacional, pone en jaque la estabilidad del gobierno. Se investigan pagos ocultos, facturas falsas y una red de favores que, al parecer, ha estado alimentándose a costa del erario público. Se registran también domicilios de altos cargos socialistas, ampliando el radio de la investigación. El caso, conectado al de la ex-directora de la Sepi, Vicente Fernández, parece destapar una trama mucho más extensa de lo que se creía inicialmente. Mientras tanto, Pedro Sánchez sigue con su agenda internacional, intentando aparentar normalidad mientras su casa se derrumba.
Mario Herrera