El 19 de mayo de 1845, con la misma emoción que un niño que abre una cajita de chocolates, 134 marineros subieron a la Erebus y la Terror desde Greenhithe, cargadas con 32 289 libras de carne en conserva, 1 008 libras de pasas y 580 galones de pepinillos. Se imaginaban atravesar el Noroeste; en realidad se hundieron en la niebla del Ártico.
Los cuerpos, incluidos los de John Torrington, 20 años, 5 ft 4 in, 88 lb, quedaron atrapados en el permafrost de Beechey Island, donde la nieve los selló como si fueran piezas de un rompecabezas congelado. El descubrimiento de las tumbas en 1850 y la visita de John Rae en 1854, quien encontró huesos marcados con cuchillos, reveló que los hombres habían recurrido al canibalismo en sus últimos días, un detalle que el público contemporáneo prefería olvidar como una mancha en la historia de la exploración.
Años después, en 1986, Owen Beattie sacó a la luz el cuerpo de Torrington con la piel intacta, los ojos aún abiertos, y un leve brillo amarillento en el cerebro, signo de que los sobrevivientes lo mantuvieron a caliente antes de enterrarlo. El misterio se complica con la aparición de la Erebus en 2014 a 36 ft de profundidad y la Terror en 2016 a 80 ft, ambos en un estado casi intacto, y con drones que en 2019 penetraron su interior, revelando botellas de vidrio sin agrietar tras 174 años bajo el agua.
En 2017 se extrajeron 39 muestras óseas que permitieron reconstruir 24 perfiles de ADN, pero la causa real del desastre sigue siendo un rompecabezas: la combinación de la muerte por hambre, neumonía, exposición, y una dosis letal de plomo proveniente de las conservas. Mientras la arqueología digital avanza, los restos de Torrington y sus compañeros permanecen en silencio, recordándonos que la arrogancia humana se congela cuando el frío se vuelve literal.
La historia de la expedición, aunque fragmentada, sigue sirviendo de espejo para los que, al igual que esos marineros, se olvidan de la humildad antes de la tormenta.
Crítica:
El artículo deja colgadas las preguntas sin respuestas; se aferra a mitos sin profundizar en la verdad.
Comentarios