Loneliest House In The World: The Isolated Lodge Near Iceland

Solo Casa, 5 Millas, ¡Qué Pura Vida!

cultura Una casa de madera blanca, enloquecida en una isla rocosa rodeada de olas enormes y cielo gris. Alrededor, un mar turquesa y una multitud de puffins que se posan en las rocas. No hay personas visibles, solo la silueta de la casa y la naturaleza salvaje.

El título suena a leyenda de bandidos en la selva, pero lo que se esconde bajo la capa de misterio es un simple refugio de caza de 1953 que se alza como la “Casa más solitaria” sobre Ellidaey, una isla de 110 acres que se equivale al tamaño del Vaticano y que está cinco millas al sur de la costa de Islandia.

La idea de un bilionésimo con un bunker apocalíptico o la mítica Björk con su isla privada son fantasías que aparecen en cada blog. En realidad, la construcción nació de la Ellidaey Hunting Association, una asociación local que, como su nombre indica, cazaba puffins que se habían convertido en la gran masa de aves que la isla atrae.

La isla, parte de los 18 islotes volcánicos del archipiélago de Vestmannaeyjar, ha visto tormentas, erupciones y un volcán de 1973: Eldfell, cuya lava casi cierra el puerto de Vestmannaeyjabær y destruye 400 hogares, salvando el puerto con una operación de bombeo de agua. La población de la ciudad de Vestmannaeyjabær se sitúa en 4.400 habitantes, cifra que contrasta con la quietud de Ellidaey.

Para llegar a la casa, no basta con un ferry: se deben embarcar en un barco sin puerto y escalar una pared rocosa. Se dice que en 2022 ya había 11.000 firmas en el libro de visitas, aunque el acceso sigue restringido por la conservación de la isla y la monitorización del rebaño de puffins, que enfrenta declive por cambios en el océano.

La casa es una estructura de dos plantas con cocina, baño, salón, cuartos de dormir, un almacén y, en clásico estilo nórdico, una sauna. Su fachada blanca contrasta con los verdes terrosos que la rodean y con el océano que la envuelve. A menos de una milla se halla Bjarnarey, otra isla con su propio refugio.

Ni el mito del zombie ni la oferta del primer ministro David Oddsson, que en 2000 propuso la isla a la artista Björk, se acercan a la realidad de este refugio de caza. La historia se apoya en datos concretos: 1953 de construcción, 110 acres, 5 millas de distancia, 400 hogares destruidos en 1973, 11.000 firmas, 4.400 habitantes en la ciudad vecina.

En la soledad de Ellidaey, la narrativa se reduce a la cría de puffins y la supervivencia de un grupo de cazadores que, sin embargo, respetan la conservación del entorno. Así, la “Casa más solitaria” no es un epicentro de conspiraciones, sino un testimonio de la relación entre el hombre y la naturaleza en el extremo norte del Atlántico.

Crítica:

El artículo se queda en la superficie de la curiosidad, sin desentrañar la verdadera relación entre la caza y la conservación. El título, exagerado, promete más épico que la realidad.

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