Crítica:
La noticia se centra en las cifras, pero evita profundizar en las causas subyacentes de la violencia de género en los países de origen. El título es sensacionalista y alimenta la desconfianza hacia las solicitantes de asilo.
La noticia se centra en las cifras, pero evita profundizar en las causas subyacentes de la violencia de género en los países de origen. El título es sensacionalista y alimenta la desconfianza hacia las solicitantes de asilo.
Mientras la pasta para la zumba y las catas de chocolate se dispara, la violencia de género sigue siendo un drama real. El Ministerio de Igualdad, liderado por Ana Redondo, se enfrenta a un agujero contable que huele a chamusquina. 107 denuncias entre 2021 y 2025, con un pico de 56 en 2024. ¿El motivo? Parece que el dinero destinado a combatir la lacra se ha empleado en actividades dignas de un catálogo de ocio: talleres de escritura creativa, rutas culturales, clases de bachata, e incluso jornadas LGTBIQ+. Siete millones de euros en subvenciones, y la pregunta es inevitable: ¿quién vigila que el dinero se gasta en lo que debe, y no en un festival privado? Las provincias afectadas son un mapa de España: Madrid, Sevilla, Granada, Alicante… La lista de municipios es larga y variopinta, desde Leganés hasta Santa Cruz de Bezana. La ironía es que, al mismo tiempo, se modifican las bases de las subvenciones para favorecer a entidades abolicionistas con la prostitución. Un giro de guion que, como mínimo, levanta sospechas. La burocracia, como siempre, esconde la verdad bajo montañas de expedientes y resoluciones de Transparencia.
Muface, la caja de herramientas de los funcionarios, ha puesto la cortina bajada. ¿Motivo? No tienen “medios” para desvelar los entresijos inmobiliarios de la familia Gómez, la parentela cercana a la Moncloa. Ojo, no es que quieran ocultar nada, es que, según ellos, buscar la información sería como buscar una aguja en un pajar… un pajar digital, eso sí. La transparencia, al parecer, tiene un precio, y en este caso, el precio es la incomodidad. 3,6 millones de euros en propiedades, una sauna familiar y un edificio en la calle San Bernardo. Números que, mientras el ciudadano de a pie aprieta el cinturón, suenan a música celestial para algunos. La Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (Muface) alega una “reelaboración previa de datos dispersos” para justificar su negativa. Traducido: “No queremos contarte nada”. El edificio de San Bernardo, ¿un nido de fortuna? Muface se escuda en la Ley de Transparencia, pero la respuesta, lejos de aclarar, enturbia. El Fondo Especial, ese mecanismo que financia las prestaciones sociales, parece más bien un laberinto de intereses. Óscar López, al mando de la cartera, se limita a repetir la letanía legalista. No es la primera vez. El Consejo de Transparencia ya reconoció que no existe “documento o contenido” sobre los inmuebles alquilados a la familia de Begoña Gómez. ¿Casualidad? El Grupo Popular del Senado también se topó con un muro de silencio. Mientras tanto, Muface gestiona 91 viviendas en cinco ciudades españolas, la mayoría en Madrid. Un patrimonio inmobiliario que, curiosamente, se actualiza con el índice de precios de alquiler de oficinas… un detalle que no pasa desapercibido. La ironía es que el organismo encargado de proteger a los funcionarios se ha convertido en el guardián de los secretos mejor guardados.
El rescate de Plus Ultra, esa aerolínea que parecía flotar en un mar de deudas, ha destapado un desaguisado que huele a chamusquina. No a gasoil de avión, sino a acuerdos turbios y favores políticos. Resulta que, mientras la lista de la compra se encarecía, 53 millones de euros de la SEPI desaparecieron en un rescate que, según los chats intervenidos, estaba blindado desde dentro. Rodolfo Reyes Rojas, el magnate venezolano al timón de Plus Ultra, no se andaba con chiquitas: ordenaba “cortar” la investigación como quien corta el pan. Y para ello, movía hilos en el Ministerio Público, recurriendo a la influencia de figuras como José Luis Rodríguez Zapatero a través de su testaferro, Julio Martínez Martínez. La fiscal jefe, Pilar Rodríguez, y su mano derecha, María Luisa Llop, parecen haber jugado un papel clave, poniendo zancadillas a la jueza Esperanza Collazos, que intentaba desentrañar los vínculos de la aerolínea con el entramado venezolano y las presuntas mordidas. La Fiscalía, en lugar de defender el interés público, parecía abogada de Plus Ultra, solicitando el archivo de la causa sin investigar a fondo. Y, como guinda del pastel, la fiscal Llop fue premiada con un ascenso a la Audiencia Nacional, un ejemplo perfecto de cómo se “resuelven” los asuntos en este país. Al final, la jueza Collazos, sin poder interrogar al representante legal a tiempo, tuvo que dar carpetazo al caso. Un final previsible, con un sabor amargo a impunidad.
El Pentágono está poniendo la puerta de vuelta a España, y no precisamente para invitarla a bailar. La decisión de reducir los enlaces militares en suelo español, un movimiento sin precedentes en décadas, es el último capítulo de una serie de gestos que huelen a cabreo trumpista. Mientras el ciudadano de a pie se pregunta si podrá pagar la próxima factura de la luz, el Departamento de Defensa planea recortar 50.000 millones de dólares –unos 43.000 millones de euros, para que lo entendamos todos– en gastos militares. Y España, parece, está en la lista negra. La jugada no es un capricho personal de Donald Trump, insisten, sino una política de austeridad que afecta a aliados como Alemania, Francia, Australia o Japón. Pero la coincidencia con la postura de Pedro Sánchez sobre Irán, y el veto al uso de las bases de Morón y Rota para las operaciones estadounidenses, levanta sospechas. El castigo, en forma de no sustitución de agregados militares, es una forma elegante de decir: “Aquí ya no les queremos”. La cosa ha escalado hasta el punto de que los enlaces militares españoles en Washington han sido relegados a la zona de los “no confiables”, sin acceso a información sensible. Un desplante que, según fuentes militares, podría tener consecuencias en la cooperación y, lo que es peor, abrir la puerta a que otros países, como China, se acerquen a España. El Pentágono incluso sondeó la posibilidad de suspender a España de la OTAN, algo que, aunque inviable legalmente, envía un mensaje claro: aquí hay un problema. El general de división Manuel Pérez y Javier Carrasco, los españoles más visibles en la cúpula militar aliada, observan la tormenta desde lejos. Pero el verdadero desafío, quizás, sea el futuro: ¿podrán los candidatos españoles acceder a puestos clave en la OTAN si Estados Unidos pone el veto? La respuesta, por ahora, es un misterio. Y mientras tanto, el general Manuel García se prepara para una estancia “muy incómoda” en Tampa, Florida, como representante de España en el Mando Central de EEUU, con la información limitada a lo que se pueda leer en Google.
El caso es más turbio que un café con posos. José Luis Rodríguez Zapatero, en su faceta de 'influencer' petrolero, recibió una compensación curiosa por facilitar el aterrizaje del 5G de Huawei en España: “cupos” de petróleo venezolano. ¿La fecha? 2021, justo cuando las sanciones internacionales dejaban a Venezuela en bragas. Mientras el ciudadano de a pie se apretaba el cinturón, Zapatero se movía en un avispero de comisiones, lobistas y rescates empresariales de Air Europa, Plus Ultra y Duro Felguera. Pero la verdadera bomba es que esta operación no solo llenó los bolsillos de ZP, sino que arrastró a Pedro Sánchez a un espaldarazo público a Huawei, desafiando a sus aliados europeos y las advertencias de la OTAN sobre posibles riesgos de espionaje. La contraprestación, según testimonios directos, fueron “pagos millonarios de PDVSA”. El ‘príncipe’ se convirtió en ‘el siniestro’ para Delcy Rodríguez, la mano derecha de Maduro, hasta que la magia china lo reencauzó. Su contacto clave era Jorge Rodríguez, hermano de Delcy, quien concedía los “cupos” para el petróleo Merey, un crudo valioso pero complicado de refinar. Todo orquestado por Antonio Mangas, de Huawei, quien buscaba a través del ‘grupo acelerador’ un aliado en el Gobierno español. ¿El plan? Sortear el veto internacional al 5G. Huawei se aseguró los servicios de los comisionistas y, de paso, fichó al ex jefe de seguridad de Zapatero, Segundo Martínez, como jefe de seguridad propio. La hija de Zapatero también se benefició con contratos de Huawei, que desaparecieron rápidamente cuando los escándalos de sobornos a eurodiputados salieron a la luz. Al final, el sablazo se lo lleva el contribuyente, mientras los políticos y empresarios se dan el lujo de jugar con el petróleo y la seguridad nacional. La jugada maestra de China, aprovechando las sanciones, fue convertir a Zapatero en su lobista estrella. Este, a cambio de favores, abrió las puertas de España al gigante tecnológico, poniendo en riesgo la ciberdefensa europea. Una historia de intereses cruzados, favores políticos y petróleo a raudales.
La UCO ha lanzado la bomba: la cátedra de Begoña Gómez, la asesora de Sánchez, no era faro de innovación, sino, según las pesquisas, un ingenio para inflar facturas y favorecer a unos pocos elegidos. Mientras el ciudadano de a pie calcula si le llega para la lista de la compra, la plataforma Transforma TSC, cuyo coste directo para la Universidad Complutense ascendió a 108.765,79 euros, se convirtió en un agujero negro de fondos públicos y privados. La investigación, fechada el 21 de mayo de 2026, destapa adjudicaciones “premeditadas” a empresas como Making Science Group, que recibieron pagos por trabajos realizados sin ni siquiera tener el permiso en regla. Es decir, la factura primero y el papeleo después, una práctica que a muchos nos suena. La cosa no acaba ahí. Entidades colaboradoras como Reale Seguros, Fundación La Caixa, Google y Telefónica aportaron entre 225.000 y 253.000 euros, dinero que, una vez dentro de la UCM, pasó a ser “fondo público”, según la interventora de la universidad. Como quien mete dinero negro en una cuenta corriente y lo blanquea. Begoña Gómez, señalada como “principal responsable” del proyecto, aparece en el centro del huracán, con indicios de aprovechamiento privado de la plataforma y la creación de una sociedad homónima, Transforma TSC, sin acuerdos formalizados con la UCM. La cosa huele a chamusquina y a “no existe un software”, según declaraciones internas de la propia universidad. Cristina Álvarez, asesora de Presidencia, también figura en el atestado, participando en las gestiones. En resumen, un entramado donde la apariencia de legalidad fue, presuntamente, el único mérito.
El chalé de Puerta de Hierro, ese sueño inmobiliario de 580.000 euros adquirido en 2024, ahora es un solar. Un espejismo de ladrillo y tejas desvanecido, como las promesas electorales. Pero la verdadera demolición no es la física, sino la de la narrativa de José Luis Rodríguez Zapatero. Él, el ex-presidente que nos vendía austeridad, se ve ahora en el ojo del huracán, con la UDEF desmontando su versión sobre cómo pagó la hipoteca de medio millón de euros. Zapatero juró y perjuró que la venta de otra casa, en Aravaca, fue la solución. Un trueque limpio, un ajuste doméstico. Pero la UDEF, con su paciencia de funcionario y su olfato para el dinero sucio, ha encontrado la madeja. Esa cuenta bancaria, manejada por su esposa, Sonsoles Espinosa, no solo recibió fondos, sino que los recibió de la 'trama', una red de pagadores turbios que alimentaron la cuenta con 1,5 millones de euros entre 2020 y 2025. Análisis Relevante SL, Gate Center… nombres que suenan a ingeniería financiera y a comisiones ocultas. ¿El sablazo en la factura? 498.000 euros, la cantidad exacta para cancelar la hipoteca, salieron de esa misma cuenta, como por arte de magia. Una transferencia única, sin explicaciones convincentes. Y mientras el ciudadano de a pie aprieta el cinturón, el ex-presidente parece que tenía una llave maestra para desbloquear la financiación. El juez Calama ya ha citado a Zapatero a declarar, imputado por tráfico de influencias, blanqueo de capitales y otros delitos que suenan a película de Hollywood. La sombra de la Infanta Cristina, condenada por el caso Nóos, planea ahora sobre Sonsoles Espinosa. Un 'caso Zapatero' que huele a podrido y a promesas rotas. Con la ironía de un solar donde antes había un chalé.
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