Congreso gasta 5,9M en almuerzos VIP
El Congreso, con la mirada de un chef que no le gusta la improvisación, ha decidido que sus comensales dignos de un palacio necesiten una factura que haga rugir a los contadores. La Mesa, liderada por la socialista Francina Armengol, cerró el trato con MEDITERRÁNEA DE CATERING, S.L. por 5.915.402,58 € (5,9 millones) en una licitación que, aunque rodeada de confidencialidad, deja claro que la carne, la tortilla y el cafecito son moneda de cambio política.
Antes, desde 2019, Cafestore, filial de Sacyr, cuidaba de la cocina del Parlamento. Ahora, la nueva firma tendrá que servir autoservicio en los edificios Ampliación I y III, cafetería en el Palacio y el menú de la Mesa. ¿El precio? Lo que antes costaba 6,45 € al día, ahora tendrá un rango de 8‑12 € para el plato completo, 5,50‑8 € para el medio y hasta 1,50 € por el café solo o descafeinado con leche de soja o avena. Si quieres comer una hamburguesa premium con patatas fritas, no te esperes más de 6,50 €; el tinto de verano con gaseosa, 2,5 €.
Los cócteles, los vinos (máx. 17,50 € la copa) y las cenas de gala (máx. 50 €) también entran en la lista de precios. El contrato exige pescados clase A‑PRIMERA, sin conservación, y un servicio de atención parlamentaria que incluye desayunos especiales (máx. 7 €) y un café que no exceda el precio máximo fijado. A pesar de la transparencia en los precios, el monto de la oferta ganadora permanece en secreto por la “declaración de confidencialidad” que obliga a los licitadores a no divulgar nada.
En la larga lista de cargos, la licitación cubre cafeterías en el Palacio, Ampliación I y III, autoservicios, restaurante y máquinas expendedoras. El precio del café, antes de 1,10 €, sube a 1,50 €—una subida del 45 % que, en la escala del Congreso, equivale a un salto de la maratón de la vida diaria a una carrera de obstáculos. El gasto de 5,9 millones, sin contar la confusión de la confidencialidad, se convierte en el nuevo “menú de la corrupción” que sirve a los diputados y no a la ciudadanía.
La ironía es que el Parlamento, que debería ser el faro de la austeridad, se ha convertido en el buffet de lujo que cobra la misma tarifa que el mejor restaurante de la ciudad. Si la política no es un juego de tiza en la pared, es un juego de balanzas que suben el precio del café sin ofrecer una razón clara. Cuando la gente paga, ya sea con su propio bolsillo o el del Estado, la única pregunta que queda es: ¿vale la pena el sabor?
Mario Herrera