El vecino que te asusta: ‘Hollywood Ripper’
En la esquina de la calle que la gente llama “la zona de la fama”, Michael Gargiulo se convirtió en el vecino que no pediste que te llamara a la hora de tu cita. No era la típica rutina de un aire acondicionado que se quiebra, sino el chasquido de un cuchillo que convierte una noche de 1 a.m. en un desfile de sangre. El primero de los 3 asesinatos se produjo el 15 de febrero de 1976 en Glenview, Illinois, cuando el joven de 18 años Tricia Pacaccio, que vivía a la vuelta de la esquina, fue apuñalada 12 veces mientras regresaba de una fiesta. Los policías, que se habían quedado con la idea de que el futuro futuro actor era un simple “cajero de aire”, no encontraron pruebas concretas; la única pista fue una pequeña cantidad de ADN bajo las uñas de la víctima, que resultó ser insuficiente para marcarlo como sospechoso.
En 1998, Gargiulo saltó el puente a Los Ángeles con la ilusión de ser la próxima estrella de Hollywood, pero terminó como técnico de aire acondicionado y portero de discoteca. Se lo describen como un “cazador de emociones” que, según sus propios relatos, había “enterrado a una chica” y “la había dejado en el polvo”. La segunda víctima, Ashley Ellerin, de 22 años, estaba en la misma loma del Hollywood Hills y era la “novia de un actor popular” – el propio Ashton Kutcher. El 21 de febrero de 2001, Gargiulo se coló en su piso. Al pasar por la ducha, la cuchilló 47 veces, dejándola con una herida que perforó su cráneo y una serie de heridas en el pecho, estómago y espalda. El actor, que no llegaba a tiempo, creyó que la mujer había salido, y al llegar a la casa solo encontró manchas de sangre que interpretó como vino.
La tercera víctima, María Bruno, 32 años, madre de cuatro, fue encontrada el 1 de diciembre de 2005 en su apartamento de El Monte. Gargiulo, con botas azules de cirugía, entró por la ventana, la apuñaló mientras dormía y la mutiló de forma que la policía describió como “un espectáculo de horror”. El caso se congeló hasta que, el 28 de abril de 2008, una mujer llamada Michelle Murphy, de 26 años, se despertó con un hombre clavándole un cuchillo. La lucha resultó en una herida de autolesión del agresor, que le dijo a la víctima: “Lo siento”. El ADN de Gargiulo, ya registrado por el caso de Pacaccio, vinculó la escena con la nueva víctima.
Finalmente, en 2008, el “Boy Next Door Killer” fue detenido, y en 2019 un jurado de Los Ángeles lo condenó a muerte por los asesinatos de Ellerin y Bruno, y la tentativa a Murphy. En 2024, el condenado fue extraditado a Illinois para enfrentar la acusación de matar a Pacaccio. La historia del “Hollywood Ripper” es un recordatorio de que el vecino que parece tranquilo puede ser, en realidad, el que lleva un cuchillo bajo la ropa. La lección es simple: no confíes en los que te ofrecen un café sin preguntar quién los vio en la noche anterior.
El relato de Gargiulo, que se ha convertido en una leyenda urbana de la violencia, nos recuerda que la superficialidad de la fama a menudo oculta sombras que se alimentan de la desconfianza y el miedo. La ciudad de Los Ángeles, con sus luces brillantes, también alberga la crónica de un asesino que, al final, fue capturado por los mismos sistemas que le permitieron operar en silencio durante años.
Mario Herrera