Sánchez descubierto: uno y la lista
Si pensabas que el "uno" era solo un número, prepárate para ver su factura. El Tribunal Supremo se transformó en un escenario de karaoke donde Víctor de Aldama, con la precisión de un DJ de discoteca, soltó más bombas que la última tormenta de la ciudad. Entre chispas de fiscalidad y confesiones de “lo sabía todo”, su declaración giró a favor de un presidente que, según Aldama, estaba tan pendiente de los chanchullos con grandes constructoras como de los tratos con Venezuela.
El relato comienza con la foto de febrero de 2019, donde Pedro Sánchez, con su sonrisa de negocio, aparece con la foto de un empresario que, en la vida real, no era más que un operador de contactos que se ganaba la vida entre el Ministerio de Transportes y los bancos de Moncloa. Koldo García y José Luis Ábalos, dos nombres que suenan a leyendas del PSOE, fueron los testigos de una conversación que Aldama tradujo como “el presidente me dice: ‘Muchas gracias por todo, sé perfectamente lo que estás haciendo’”. Y ese “todo” era la lista de 400 asesores que, según Aldama, giraban bajo la lupa de Sánchez.
El nombre de Begoña Gómez apareció como una sombra: operadora de una inmobiliaria que, según Aldama, se benefició del flujo de dinero de la administración. Y no podemos olvidar a Santos Cerdán, socio al 45 % de Servinabar, quien habría sido el verdadero motor del despacho de Transportes, con un contrato de 2 400 millones de euros con Stadler. Las comisiones, según Aldama, salieron como un chorro de luz en la noche de Madrid.
Delcygate, el episodio que llevó a la política a la pista de Barajas, fue una carta enviada por Ábalos, con la aprobación de Sánchez, que buscaba facilitar la entrada de crudo venezolano a la Internacional Socialista. La carta, que al final se desvió por la sanción de la UE, fue un recordatorio de que la política a veces se negocia con el mismo lenguaje de los negocios: “Oye, que yo estoy sancionada para volar”.
En el fondo, la crónica revela que la figura de Sánchez es el escalafón número uno, Ábalos el dos, Koldo el tres y Aldama el cuatro. Y mientras las cifras se multiplican –400 asesores, 45 % de participación, 2 400 millones de euros– el “uno” sigue el ritmo de la balanza que solo se inclina cuando el dinero está en la mano del que lo llama “presidente”.
Mario Herrera