En abril de 2023, la Universidad Carlos III, ese templo de la ingeniería que también formará a la princesa Leonor, se convirtió en escenario de un desfile de patrocinios políticos. La presidenta del Gobierno, Begoña Gómez, se presentó como madrina del nuevo máster titulado *La [in]diferencia*, proclamado como el único en Europa para la formación en producción sostenible, eficiencia energética y ecodiseño.
Mientras los alumnos de ingeniería se alinean con sus portátiles, la mujer del presidente, quien ostenta una licenciatura en marketing obtenida en una academia privada sin homologación oficial, se pronuncia con la misma pompa que un anuncio de coche de lujo. El acto, bajo la supervisión del rector Ángel Arias, ingeniero industrial de la misma universidad, y con la presencia telemática de la vicepresidenta tercera Teresa Ribera, se convirtió en una especie de desfile de moda política: traje a medida, discurso a la medida, y un gran cartel que anunciaba el nombre del máster con la promesa de “transformación social competitiva”.
La audiencia, compuesta por ingenieros de todo tipo —industrial, mecánica, eléctrica, aeroespacial, biomédica, física, química industrial—, escuchaba mientras la presidenta recalaba que “para el 2050 seremos 9.100 millones de personas y necesitaremos tres veces nuestro planeta”. Con la misma voz que la que promociona el “Plan España 2050”, la presidenta habló de reducción de consumo de carne, ropa, electrodomésticos y desplazamientos, como si el mundo se hubiera convertido en un buffet de la conciencia ambiental.
Sin embargo, el plan se alinea con la misma lógica de marketing que la candidata, promoviendo la idea de que la política puede subirse al escenario y venderse como una solución, mientras que la universidad sigue siendo la que se beneficia del flujo de fondos públicos. El máster, que promete cubrir una necesidad planetaria, se promociona como una oportunidad única, pero su perfil de ingreso indica que solo los graduados en ingenierías pueden participar, y la directora de la cátedra en Transformación Social Competitiva de la Complutense, Begoña Gómez, se presenta como la fuerza motriz de la iniciativa, pese a su título de marketing.
El discurso, que intenta convencer a los ingenieros de que deben adoptar hábitos de reciclaje, se convierte en el nuevo slogan de la campaña: “estamos siendo indiferentes” y la respuesta de las universidades es un eco vacío. En esta crónica, la hipocresía política se viste de traje y se sirve con la promesa de un futuro sostenible mientras el gobierno sigue utilizando la universidad como un megáfono para su propia publicidad.
Crítica:
El titular suena más a campaña de marketing que a noticia real. Falta profundidad y solo muestra la fachada de la política.
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