Mientras el interventor, guardián de los billetes de Castilla‑La Mancha, decide que su propio cheque de 1.080 € va a la mesa del PSOE, la independencia que juró parece haber hecho un traspaso de papel. Manuel Laguna, titular del puesto de Interventor General desde el 1 de septiembre de 2022, se ha ganado la reputación de “el fiscal que no se ve con los ojos de los ciudadanos”.
Su cargo, aunque de rango de viceconsejero, está “blindado” por la normativa autonómica que exige plena autonomía e independencia funcional al fiscalizar el gasto público. El 23 de septiembre, apenas dos días tras su nombramiento, firma el código ético para altos cargos.
En él se compromete a “la veracidad” y a la “integridad” de sus actos públicos. Pero el punto 3b, que proscribe cualquier práctica que pueda levantar sospechas de favoritismo, se ve destrozado cuando en su declaración anual aparece una aportación de 1.080 € al PSOE.
La cifra, muy por encima de los 120 € que el mismo interventor donó a la Asociación Española Contra el Cáncer o de los 220 € que se asignaron a Unicef y Acnur, no aclara si se trató de una cuota de afiliación mensual de 90 € o de una donación puntual. Para el público, 1.080 € es la diferencia entre una compra de un coche y la compra de una campaña política.
Si la donación es un pago de membresía, el interventor estaría apostando su independencia por un billete que el partido que lo controla recibe de forma directa. Si es una donación puntual, la pregunta es por qué no se lo explicó en la declaración. El contexto no es ajeno a la polémica.
En 2022, la salida de Francisco Javier Martín, jefe del mismo servicio, se produjo una semana después de que Ciudadanos denunciasen la falta de ejecución presupuestaria del Gobierno de Page. La portavoz naranja, Carmen Picazo, criticó la rapidez con que se le retiró el cargo a “uno de los pocos organismos independientes”.
Juan Alfonso Ruiz Molina, consejero de Hacienda, aseguró que la prioridad del Ejecutivo era “el máximo rigor y honestidad” en la gestión de los recursos públicos. El interventor, con una trayectoria que abarca la política económica, la salud pública y la gestión presupuestaria, se enfrenta ahora a la ironía de que el fiscal que vigila el gasto del Estado esté alimentando al partido que controla su propio salario.
La independencia se vuelve una palabra de moda cuando el billete se sale de la caja y se entrega a la mesa del PSOE.
Crítica:
El titular ignora la paradoja de la independencia del interventor al donar al partido que controla su presupuesto. La exposición deja al lector con más preguntas que respuestas.
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