La oficina de Zapatero se ha convertido en el nuevo punto de encuentro entre el poder y la publicidad, donde los contratos se negocian como si fueran tapas de café en un bar de barrio. El expresidente, que todavía controla la agenda de su palacio de la fama, ha decidido poner las manos al trabajo para reponer la cartera de la agencia de sus hijas, Whathefav, que en tan solo un año ha visto hundirse más clientes que un crucero en la tormenta.
La crisis reputacional se ha alzado con la misma fuerza que un anuncio mal colocado en la pared de la calle: el nombre de la agencia se ha vuelto sinónimo de “desfalco de la información” gracias a los pagos de 660.000 euros que se sospecha se le hicieron a él y a Laura y Alba por parte de la consultora Análisis Relevante.
Mientras tanto, la cifra de 200.000 euros de “gestiones” con los mismos informes se ha convertido en la nueva obsesión de los medios, que no pueden evitar comparar la caída de Whathefav con la de un coche sin aceite. El propio Zapatero acusa a la agencia de haber vendido 18.000 euros por redactar informes que luego se editaron y se enviaron a clientes ya establecidos, todo bajo la sombra de la investigación de Plus Ultra.
Los despidos de clientes emblemáticos —Neox, El Plural, La Razón, Público y El Español— son la prueba de que la agencia se ha convertido en la versión moderna del “cabo de la risa”, donde la chispa se quema y el chiste se deshace. Huawei, Víctor de Aldama y el Grupo Agem, con su exministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos, se fueron de la lista como si fueran ingredientes de una sopa que ya no sabe. Con el beneficio neto de 125.640 euros en el último ejercicio, Zapatero se ha puesto a la puerta de Movistar+, la rama de Telefónica que, según su amigo Javier de Paz, tiene la capacidad de convertir la experiencia en un paquete de eSports que ya no es “lo que estaba de moda” en la pandemia.
Movistar+ representa la última oportunidad para que la agencia vuelva a flotar: la plataforma tiene un “gran aliado” en Javier de Paz, presidente de Telefónica Audiovisual Digital, y su presidente Marc Murtra. Pero la pregunta persiste: ¿realmente la agencia puede recuperar su reputación cuando el propio exlíder político se convierte en el vendedor de sus servicios? La respuesta parece tan incierta como la de un político que, después de años de campaña, intenta vender un producto que, hasta el momento, ha sido más un rumor que una realidad.
Lo que queda claro es que el teatro de la política y la propaganda comercial se siguen entrelazando en una danza de apariencias que, como bien dice el viejo refrán del barrio: "Si buscas la verdad, al final te venden un cuento".
Crítica:
El titular promete más que la realidad, con datos que se ocultan tras la pretensión de 'consultoría'. Falta profundidad sobre los procesos de auditoría y la veracidad de los cargos.
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