Las hijas de Zapatero: un millón por maquillar informes
El millón de euros que no hizo falta.
Imagina que contratas a un equipo para que te prepare la cena de Navidad y, al final, solo te traen una lista de la compra con los nombres de los platos. Eso es, más o menos, lo que hizo What The Fav, la empresa de Laura y Alba Rodríguez Espinosa —las hijas del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero— con sus facturas de 990.000 euros (sí, como lo oyes: casi un millón, que es lo que cuesta un piso decente en Madrid si no te gusta el okupismo de lujo). Según el juez José Luis Calama, que lleva el caso, la agencia se limitaba a maquetar informes ya hechos, como si fueran un PowerPoint con música de fondo para darle glamour a lo que ya estaba escrito. Sin valor técnico, como dijo El Confidencial. Pero, claro, el cliente —en este caso, empresas cercanas al círculo de Zapatero— pagaba igual.
Porque aquí viene lo mejor: el expresidente no solo lo sabía, sino que lo ordenó. Durante su comparecencia en el Senado, Zapatero admitió que le pidió a su hombre de confianza, Julio Martínez Martínez (director de Análisis Relevante), que derivara encargos a la empresa de sus hijas. Como si fuera un whatsap familiar: «Oye, Julio, que las niñas necesitan un curro, ¿les das un par de informes para maquillar?». Y así, sin más, What The Fav se convirtió en el taller de facturas de la trama. ¿El cliente? Empresas como Inteligencia Prospectiva (de dos venezolanos hijos de un directivo de Pedevesa, que ya huele a gasolina y corrupción), Gate Center (donde Zapatero es presidente del consejo asesor) o Thinking Heads, que tiene al expresidente en nómina como representado. Un círculo de confianza tan cerrado que hasta el aire parece sospechoso.
Pero, ¿qué demonios es What The Fav? Según su web, una agencia de comunicación especializada en e-sports, esos torneos de videojuegos donde los jugadores se pasan el día comiendo Red Bull y ganando premios en streaming. Sin embargo, su actividad real parece más bien la de una fábrica de informes bajo demanda, como si fueran trabajos del cole que alguien más había hecho por ellas. El juez Calama no se corta: la empresa era «meramente instrumental», un paraguas para justificar cobros que, en el fondo, eran comisiones disfrazadas. Como cuando tu primo te pide que le hagas un favor y, al final, resulta que te está pagando por algo que ni siquiera hiciste.
Lo gracioso —o trágico, según se mire— es que ninguna de las dos hermanas está imputada. Porque, claro, si el negocio era lavar dinero con informes de pacotilla, siempre hay un escalón más bajo donde echarle la culpa. Mientras, el padre sigue en el ring, defendiendo su honor como un boxeador que no quiere perder el combate, aunque los golpes ya le están saliendo por la espalda. Un millón de euros por hacer lo que cualquier estudiante de Periodismo podría haber hecho en una noche de botellón. Pero, en este país, cuando hay dinero de por medio, hasta el copy-paste se convierte en arte.
La moraleja: Si tu empresa factura casi un millón y su único trabajo es dar color a lo que otros ya hicieron, quizá deberías replantearte el negocio. O, directamente, inventarte una excusa mejor que los e-sports.
Luisa Soto