En medio de la nueva ola de apagones informativos que han dejado a los corresponsales de Oriente Medio sin luz, la cúpula de EFE se ha hecho un chapuzón de 700.000 euros y ha decidido hacer la fila con la última palabra del bolsillo. 50 responsables, entre directivos y mandos intermedios, se han visto empapados de una cifra que, al parecer, se ha filtrado a través de un filtro de oro, mientras el resto de la plantilla sigue con la factura del combustible que no baja de la cabeza. El número de 700.000 euros se reparte como si fuera una gran pizza: cada porción se asigna a un responsable con un objetivo que, según la dirección, se ha cumplido.
Pero la realidad es la que se ve en la mesa de los trabajadores: la pizza se corta en rebanadas de 14.000 euros, y la mayoría de los que están en la mesa no tienen ni un plato. Los trabajadores afirman que la dirección ha optado por una estrategia de “cierre de cuentas” que, en términos de la calle, es un “sablazo en la factura” que deja a los empleados sin un centavo extra. Lo que hace que la receta sea aún más picante es que la compañía sigue con una deuda creciente y previsiones de deterioro.
Cuando la dirección presenta su visión optimista, la representación social responde con la misma frialdad que un refrigerador en la oficina: “preocupantes”. Y cuando el plan de bonificación se denomina internamente DPPO, los trabajadores se preguntan si eso significa “Dinero Puro, Pura Oportunidad” o simplemente “Desperdicio de Pérdidas Pasadas”. La cifra también se compara con los 1.000 euros netos mensuales que obtienen los corresponsales.
Un sueldo que, en la práctica, se convierte en un chiste de “¿cuánto cabe en el bolsillo?” cuando se suman los gastos de permisos de residencia y la ausencia de pagas extras. La nueva directora de Estrategia, nombrada a través de una convocatoria telemática que nadie pidió, se ha visto envuelta en el mismo drama de “insuficiente brevedad” que la reunión de cuentas. La relación entre la dirección de 26 directores y la plantilla se ha ido al desierto, con la dirección lanzando un “optimismo” que se siente como un anuncio de venta de garbanzos a la quinta de la esquina: todo lo que prometen se vende, pero nadie sabe si realmente se sirve.
La plantilla exige mayor transparencia, un diálogo real y medidas que alivien las condiciones laborales, como ampliar los días de teletrabajo. En la calle, la moraleja es clara: mientras la cúpula se lleve el dinero, los trabajadores siguen trabajando para que ellos se lo lleven. En una ciudad donde el aire está tan cargado de noticias como la factura del combustible, EFE parece haber olvidado que una agencia de noticias no es un club de golf.
El público se pregunta si la cúpula está escuchando los gritos del suelo o solo el eco de los billetes que se suman a su bolsillo. Y mientras los trabajadores siguen cargando con la carga de trabajo elevada, la dirección sigue contando los números como si fueran fichas de un juego de azar: la apuesta es alta, la ganancia, todavía, es incierta.
Crítica:
El titular subestima la magnitud del descontento, mientras el artículo carece de cifras comparativas sobre el salario medio de la plantilla, lo que limita la comprensión del desequilibrio salarial.
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