Fondos hundidos, empresas se quejan
El Gobierno de Pedro Sánchez se convierte en el culpable de la propia inacción corporativa, acusando a las empresas de no querer pedir créditos cuando el Instituto de Crédito Oficial (ICO) solo ha ejecutado la merced de 5 % de 30.000 millones de euros. Ese total, el que se suponía que debía impulsar la economía española en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia (PRTR), ha visto pasar apenas 1 500 millones de euros en la segunda fase, mientras el resto se queda como un billete perdido en la mesada de la oficina central. La respuesta parlamentaria, dirigida a los diputados del PP Irene Garrido, Jaime Olano y Francisco José Conde, es tan simple como un chiste de calle: “No les hace falta”. El portavoz del Ejecutivo, Carlos Cuerpo, que ha estado proclamando la “buena marcha de la economía española” desde 2023, argumenta que el mercado no necesita más liquidez porque la economía ya está en pleno auge. Pero esa afirmación se hace tan ligera como un zapato sin cordón, pues la realidad es que el ICO no ha entregado ni el 5 % de los fondos que la UE puso a disposición de las empresas, y la burocracia se ha convertido en el verdadero ladrón de oportunidades.
Para cubrir ese vacío, el Gobierno lanzó el fondo España Crece, con una dotación inicial de 10 500 millones de euros que, según promesas, podrá ampliarse a 120 000 millones en el futuro. Se trata de un plan que, según el Ejecutivo, “mejor orientado” y que incluye 2 800 millones de euros de transferencias no reembolsables, con la idea de ofrecer condiciones más ventajosas para financiar vivienda y proyectos de largo plazo. El truco está en que, aunque el nombre cambie, el gestor sigue siendo el mismo ICO, con la misma falta de eficiencia que ahora se justifica en la “incertidumbre” y la supuesta “buena marcha” de la economía.
El Gobierno, en su respuesta a la pregunta de los diputados, se rodea de tecnicismos y cifras que parecen sacadas de un informe de auditoría: 30 000 millones de fondos europeos, 5 % de ejecución, 1 500 millones usados, 10 500 millones asignados a España Crece, 120 000 millones potenciales, 2 800 millones de transferencias no reembolsables. Todo esto se presenta como si fueran piezas de un rompecabezas que encajan a la perfección, cuando la realidad es que el ICO ha estado más ocupado con sus propios trámites que con los recursos que se le encomendó. Al final, la hipocresía del Ejecutivo se ve reflejada en un discurso que mezcla ironía con la falta de datos concretos sobre por qué el ICO no ha sacado los fondos a las empresas, y la promesa de un nuevo fondo que, en la práctica, es una reempaquetada de la misma gestión burocrática.
La crónica, al estilo de un traductor de la calle, termina con la visión de que el problema no es la falta de fondos, sino la falta de voluntad política y la burocracia que se convierte en la verdadera barrera para la economía española. El contraste entre las cifras oficiales y la realidad palpable se convierte en una metáfora de la burocracia que, como un billete escondido bajo la alfombra, solo aparece cuando la economía necesita un impulso y la política se vuelve la culpable de su propia inacción.
En síntesis, el Gobierno se queja de la falta de demanda empresarial mientras la burocracia, representada por el ICO, se ha vuelto el auténtico ladrón de oportunidades; la promesa de un nuevo fondo apenas oculta la falta de eficiencia que ha visto quedarse 30 000 millones de euros en la mesa sin tocarse.
Mario Herrera